Cuando el dibujo dejó de ser suficiente

Mi nombre es Dominique Schwarzhaupt y soy Artista Visual, pero más allá de eso soy una persona manual, en otras palabras soy una de esas personas que simplemente no se concentran si no están haciendo algo creativo paralelo.

 

Debe haber alguien que este leyendo esto se siente un poco identificados con esto del tener que estar haciendo: estar bordando, estar dibujando… estar creando. En el colegio siempre me sentía un poco sola en esto y era de las que se sentía mucho más cómoda con una croquera y un lápiz, pero me doy cuenta que estamos en otros tiempos: no estamos solos tejiendo, dibujando o bordando, somos miles y millones y como a veces hay que agradecerles a las redes sociales hoy en día nos podemos conectar y compartir lo que hacemos.

Todo esto lo digo de manera introductoria porque muchas veces me han preguntado, como es que llegué al bordado en papel y mi respuesta va más o menos así: de chica mi mamá me enseñó a bordar en punto cruz, sin embargo tuve que bloquear estas memorias de mi cabeza durante muchos años porque mi madre querida siempre me retaba por mi desorden en el bordado y quedé con el trauma de una mamá maniática. Los años pasaron y yo- hija de mi madre- crecí a ser una maniática del dibujo. Mi obra se centra en dibujos de fotografías de álbumes familiares antiguos e imágenes de moda y puedo pasar horas en un chaleco o en una planta. Dibujé durante años en grafito y luego empecé a agregarle color a mis obras, era maniática así que me encantaba dibujar textiles: entre más complejo o detallado más lo disfrutaba pero no se cuando ni como, llegó un minuto en que el dibujo no fue suficiente. A todos los que somos manuales nos debe pasar lo mismo: empezamos a necesitar más y entonces miré los hilos de mi mamá con un poco de miedo y empecé a bordar mis dibujos, con muchas pruebas y errores…

 

Mi retorno al bordado no fue fácil, seguía siendo desordenada para bordar. Mi primer dibujo bordado tenia tantos nudos por atrás que no quedaba plano en la mesa y mi mamá me miraba con desapruebo “¿pero qué vas a hacer con eso? están bonitos pero muy desordenados” y tratando de no desesperarse agregaba “mira esos puntos cruz algunos palitos van para allá y otros para acá” y es aquí que las redes sociales me ayudaron, porque aunque me gustaban mis nudos desordenados necesitaba una aprobación que validara mi obra. Le escribí a una amiga que hacía clases de tejido y bordado y a la cual seguía por instagram y le conté mi dilema y ella se río un poco y me dijo que los tiempos estaban cambiando, que sí, nuestras mamás eran de la escuela del orden y los reveses pulcros pero que ahora el bordado había evolucionado y había cabida para mi caos y desorden… y fue increíble, no sólo me sentí validada sino acompañada, ¿quizás cuántas como yo habían vuelto a bordar y no se estaban atreviendo por que sus reveses eran una maraña de nudos como los míos?

 

Hoy en día me encanta mi desorden, es más , me gustan tanto mis reveses caóticos que los empecé a incorporar en mi obra y saben que … son mucho más yo y hacen que mi obra se sienta mucho más única, así que los invito a hacer lo mismo, a mirar todos esos hilos torcidos, y nudos sin pies ni cabeza y aceptarlos como parte de sus creaciones. Cuando veo los trabajos de bordado en papel de mis alumnos son estas cosas las que los separan los unos a los otros, es la personalidad de cada uno, la que movió el hilo de un lado a otro, la torpeza y la manía, todo esto se refleja en sus trabajos y los hacen propios, nadie más pudo haber hecho eso… mucho menos una máquina.

 

Si tal como yo, están buscando ampliar su mundo de manualidades los invito a seguirme @domischg y estar al tanto de mis diferentes workshops y talleres de bordado en papel que en conjunto también realizamos con @revesderecho.